lunes, 11 de marzo de 2013

De puntillas.


Otra noche más en la que la luz tenue de fondo es propagada por las teclas de un piano que con sus vaivenes no levantaría el ánimo ni con una nariz roja de gomaespuma.

Noches en las que el Payaso Triste te presta sus zapatos mientras él, se ha ido de putas, y no te ha dejado ni un papel en el que ponga: "Que te jodan".


Parece que ni los compañeros habituales de la banda sonora de tus noches se atreven a irse a dar cabezazos contra la almohada. Probablemente también se hayan ido de putas. Pero ellos sí han dejado un mensaje. Un mensaje muy claro pero que no sabes entender porque suena en una escala que no estaba en tus planes.

 Dejas que esas notas sean tu Pávlova personal. Te concede ese baile, admirable, pero con la condición de mirarlo desde lejos para no inmiscuirte en él.


Al lado del que parece un director de orquesta jubilado, con más marcas de experiencia  en su piel de las que podría dejar cualquier navajazo en la cara, te colocas para poder escuchar con más nitidez esas palabras francesas con un acento indescriptible.

Lo sutiles que son, y lo amargas que se pronuncian.


Cada movimiento de eso a lo que ella llama juego, con su derrière incluido, te hace pensar en todas y cada una de esas proposiciones, propuestas vacías que se pasan por tu cabeza mientras sigue bailando, como si el propio Debussy hubiese cosido la melodía después de haberla visto. 

Sacada de una idea se había convertido en realidad, y tú seguías impasible. 
Ese era el trato.


La música cada vez se hacía más lenta, el director acababa de "coger el dos" y no tenías más remedio que ver como la orquesta seguía tocando, desorganizada, y cómo con la cara de indiferencia que les caracterizaba a esa panda de mercenarios con instrumentos de cuerda sentías que se la llevaban.


No ibas a permitirlo.


Si se iba a hundir, que se hundiese contigo.


Con las mismas ganas de inmiscuirte y de buscar problemas que las que tiene un ciego de pedir un deseo al ver una estrella fugaz, mandas a la mierda tus esquemas. 
Las tablas las convocan los perdedores, y ésta no es la noche en la que te arruinarás.

Por ello con la poca sutileza que te caracteriza, perderás las formas.


Las perderás porque sabes que ya has ganado, lo llevabas viendo en sus ojos desde el momento en el que empezó el show.


Esta noche seguirás estando solo aunque haya unos maillot rosas a los pies de tu cama. Aunque el derrière ahora sea a tu vera y no detrás de ese muro que pintaron como infranqueable.


La orquesta siguió tocando, y hasta que no se hunda, no parará.

domingo, 17 de febrero de 2013

Máquina de escribir



Para que empezar con un "la verdad es que nunca entenderé", quedando incluso más literario un "entiendo perfectamente" el por qué del folio en blanco intimidante.
Sería incluso mejor si el sonido de las teclas no fuese tan "plástico", y fuese  más metálico cual máquina de escribir. Pero esos tiempos pasaron. No hace mucho, pero están en la cola del paro de nuestros bártulos.

Recuerdo que de pequeño tenía una máquina de escribir, que debía ser de mi padre o algo así, y la cogía y hacía mis pinitos con ella sin saber, ni por asomo, lo dulce y a la vez amargo que se te pueden presentar las letras.
Era portátil, bastante compacta, de las últimas que se hicieron supongo. Tenía asa, de la que recuerdo tirar para intentar sacarla del cajón. Un asa, que muchos en su época utilizarían para poder salir corriendo sin dar un paso.

Ahora es más frío aún si cabe, solo escribiendo sobre papel  en esas horas a las que no sabes si  echarte a sobar o ponerte a hacer cualquier otra cosa porque no merecen la pena un par de horas de sueño, que tal vez ni cojas,  para olvidar, o para recordar, como aquel de la máquina de escribir.

Supongo que todavía nos podemos permitir el lujo de mirar por la ventana mientras lo hacemos, con el "tic-tac" de fondo. Y no mirar, sino viendo cómo los ojos no decaen pero la luna va siguiendo su curso, desplazándose, y cómo eso que te dijeron una vez, que se suponía que era el cinturón de orión, recobra mucho más significado que 3 puntos mal salpicados en un fondo negro.

Negro como dos pupilas dilatadas en las que nadarías no por gusto, sino por no ahogarte. Porque nos gusta tener el agua hasta el cuello. Nos encanta. Nos encanta poder pegar una buena bocanada de aire y decir, "yo sigo aquí hijos de la gran puta". Y no os vais a librar tan fácil de mi. Cuando en realidad eres tú el que no quiere librarse de ellos. De ellas. De ello. De ella. Con plurales y singulares.

Cuando esa bocanada se transforma en un grito sin gritar. En un formato que solo tú, y pocos de los tuyos pueden oír. Y que solo tú y ni siquiera pocos de los tuyos entiende. Y que ni siquiera tú, a veces llegas a una conclusión.

No os dejéis joder por los pretéritos, ni esos que parecen más cercanos, ni los que huelen a polvo.
Si os quedan huevos, seguid aferrándoos al presente, pero tampoco os olvidéis de esa capa de polvo, u os acabará escupiendo en la cara.

No es un juego hasta que no te sabes de memoria todas las fichas.




lunes, 3 de diciembre de 2012

Entre líneas

Llanuras salvajes que no supimos domar, o nos limitamos a no querer hacerlo. Quisieron encontrarse sin preliminares con una furcia llamada realidad.
Estribados, sin quererlo (queriendo) y sin beberlo (bebiendo) nos estrellamos contra uno de los mejores muros con los que me he golpeado jamás.



La naturalidad debió erradicar el pseudopositivismo lejano que se convirtió en un día a día. Una terapia marcada por una comisura o las dos.

No se de que va todo esto, aunque sin saber es como mejor se van montando los legos. Saber corrompe, y si empiezas sabiendo, acabas por saber demasiado.
No tiene ninguna utilidad el compromiso de las letras si no se saben leer con los ojos certeros. Por poder, podéis intentarlo, pero tened cuidado, porque igual, al cerrar el telón no podéis volver a la insipidez que os venía caracterizando.

Inútiles hay muchos, pero pocos saben reconocer la inutilidad como necesaria para el auge de otros. Muchos de ellos intentarán cortar ese vinagre que se puso vino por nombre, pero nuestra simplicidad les corromperá ostentosamente mientras recorremos en nuestra cabeza las comisuras de las que os hablé antes.

Sabed también que nada son frases sueltas, las relaccionareis con vivencias que no tengo ni puta idea sobre que tratan, pero que supongo (más bien espero) que cierte relevancia las inunde. De nada sirve soñar si despierto puedes conseguirlo. El insomnio es para los valientes. Los cobardes se limitarán a pensar lo que entre la cama deshecha reze su subconsciente.

Me atrevería a decir que la famosa inutilidad, está disfrazada de cobardía vil y reducida al todo.

Seguid ladrando mientras os muerden si quereis acabar a cuatro patas delante de alguien que no debería, y no espereis ni un dólar por ello.
Insumisos, un mordisco en el cuello (de esos con lengua) paliará muchos de vuestros problemas. Joded y sed jodidos, pero cuando los ladridos sean aullidos, no se os ocurra levantaros de dónde estais.

Nadie sabe (y quien dice nadie igual quiere decir uno) cómo expresar lo que piensa. Nadie podrá involucrarse (ni lucrarse) tanto como eso que te ronda la puta cabeza, y que se niega a saltar al vacío. Porque eso, es lo mejor que se ha atrevido a rondar nunca.

Me rio por nada o no asimilo una risa certera. La risa no es nada si no suena cerca, si el eco no deja que resuene por  tus costillas. 

De tinta con pluma o sin ella va la cosa, con sus más que con sus menos, se mantiene y gana en sus trece (O 5 o 6 más)

martes, 23 de octubre de 2012

Custodia.

Amagos 

de poesía que no supieron teñir letras.

surgidos en la oscuridad del momento,

o porque se acabó calentando la copa.

Amagos

de fuerza que se escapaban entre un par de piernas,

que hubiesen provocado

un suspiro,

a tipos que no conocían nada más añadido a su desámino por naturaleza

Amagos

de reacciones que no fueron las esperadas,

pero que tampoco diferían

de lo que soléis llamar

"razón"

Amagos

de vida, que no cumplieron unas expectativas afianzadas,

ni un futuro.

Amagos que mandamos a tomar por culo,

eligiendo una buena carta,

una buena mano,

una partida, que no acaba.

miércoles, 25 de julio de 2012

Ralentí

Que difícil es escribir sin compañía de momentos adversos. Otras razones cubren el cupo de sensaciones y relatos, que pueden ser redactados sin más necesidad que un par de palabras, colocadas, dichas, dispuestas en el momento adecuado, en el lugar correcto. Precisión. Jodida y perfecta precisión.

Valientes se hacen llamar algunos, nombrados por la cobardía de sus propias apariencias.

Celdas abarcadas por cuatro paredes que se hacen llamar cuartos, luchan por pequeños percentiles, intentos baratos que probablemente caigan en el olvido, de lo que podría ser un mañana. O por qué no un hoy.

Vivir el momento ha sido una frase exprimida demasiado, y aunque el martes, haya pasado a miércoles, el 6 haya pasado al 7, y los 80 se hayan quedado ya atrás, nos daremos cuenta que el momento no es nada. No es absolutamente nada si no lo consideras gratamente como aquello que puede llegar a suponer algo que marque tu jodida vida insípida mirando a los azulejos del suelo con sus correspondientes rayas.

Escribes intercalando conversaciones, no tienes presiones, no tienes tampoco facilidad, pero vomitas formas amorfas que cuando lo lees a la mañana siguiente parece que tienen incluso algo de sentido.

Capacidades infames joder, noches no todo lo oscuras que debieran, pero que poco a poco se van sumiendo en la cera de las velas derretidas y consigues, por fin, ver delante de tus ojos vidriosos aquello que algún tarado llamó luna.

Otros hablarían de lucidez, lúcidas las llamaban en momentos no todo lo normales que podrían haber sido, y menos mal.

Por qué hablar de lucidez si puedes hablar de reflexiones, se oyo de fondo. Reflexiones sin más, paranoyas que dirán algunos, pero... que cojones, son nuestras paranoyas y qué bien quedan encima de un papel carajo.

Maullidos de fondo, o arañazos sin saber distinguirlos teñidos por recuerdos que consiguen cubrir el cupo que los mismos idiotas que se atrevieron a nombrar a la luna llamaron situaciones.

Parece que poco a poco esos excesos de testosterona van dando un enfoque a nuestras vidAs (con A), porque ¿qué somos si no somos lo que queremos ser?. Pues eso, yo quiero ser vida, pero con A mayúscula.
 
Y a la mierda el dadaísmo, esto en el fondo tiene sentido.
Stare vicino.