domingo, 17 de febrero de 2013

Máquina de escribir



Para que empezar con un "la verdad es que nunca entenderé", quedando incluso más literario un "entiendo perfectamente" el por qué del folio en blanco intimidante.
Sería incluso mejor si el sonido de las teclas no fuese tan "plástico", y fuese  más metálico cual máquina de escribir. Pero esos tiempos pasaron. No hace mucho, pero están en la cola del paro de nuestros bártulos.

Recuerdo que de pequeño tenía una máquina de escribir, que debía ser de mi padre o algo así, y la cogía y hacía mis pinitos con ella sin saber, ni por asomo, lo dulce y a la vez amargo que se te pueden presentar las letras.
Era portátil, bastante compacta, de las últimas que se hicieron supongo. Tenía asa, de la que recuerdo tirar para intentar sacarla del cajón. Un asa, que muchos en su época utilizarían para poder salir corriendo sin dar un paso.

Ahora es más frío aún si cabe, solo escribiendo sobre papel  en esas horas a las que no sabes si  echarte a sobar o ponerte a hacer cualquier otra cosa porque no merecen la pena un par de horas de sueño, que tal vez ni cojas,  para olvidar, o para recordar, como aquel de la máquina de escribir.

Supongo que todavía nos podemos permitir el lujo de mirar por la ventana mientras lo hacemos, con el "tic-tac" de fondo. Y no mirar, sino viendo cómo los ojos no decaen pero la luna va siguiendo su curso, desplazándose, y cómo eso que te dijeron una vez, que se suponía que era el cinturón de orión, recobra mucho más significado que 3 puntos mal salpicados en un fondo negro.

Negro como dos pupilas dilatadas en las que nadarías no por gusto, sino por no ahogarte. Porque nos gusta tener el agua hasta el cuello. Nos encanta. Nos encanta poder pegar una buena bocanada de aire y decir, "yo sigo aquí hijos de la gran puta". Y no os vais a librar tan fácil de mi. Cuando en realidad eres tú el que no quiere librarse de ellos. De ellas. De ello. De ella. Con plurales y singulares.

Cuando esa bocanada se transforma en un grito sin gritar. En un formato que solo tú, y pocos de los tuyos pueden oír. Y que solo tú y ni siquiera pocos de los tuyos entiende. Y que ni siquiera tú, a veces llegas a una conclusión.

No os dejéis joder por los pretéritos, ni esos que parecen más cercanos, ni los que huelen a polvo.
Si os quedan huevos, seguid aferrándoos al presente, pero tampoco os olvidéis de esa capa de polvo, u os acabará escupiendo en la cara.

No es un juego hasta que no te sabes de memoria todas las fichas.




lunes, 3 de diciembre de 2012

Entre líneas

Llanuras salvajes que no supimos domar, o nos limitamos a no querer hacerlo. Quisieron encontrarse sin preliminares con una furcia llamada realidad.
Estribados, sin quererlo (queriendo) y sin beberlo (bebiendo) nos estrellamos contra uno de los mejores muros con los que me he golpeado jamás.



La naturalidad debió erradicar el pseudopositivismo lejano que se convirtió en un día a día. Una terapia marcada por una comisura o las dos.

No se de que va todo esto, aunque sin saber es como mejor se van montando los legos. Saber corrompe, y si empiezas sabiendo, acabas por saber demasiado.
No tiene ninguna utilidad el compromiso de las letras si no se saben leer con los ojos certeros. Por poder, podéis intentarlo, pero tened cuidado, porque igual, al cerrar el telón no podéis volver a la insipidez que os venía caracterizando.

Inútiles hay muchos, pero pocos saben reconocer la inutilidad como necesaria para el auge de otros. Muchos de ellos intentarán cortar ese vinagre que se puso vino por nombre, pero nuestra simplicidad les corromperá ostentosamente mientras recorremos en nuestra cabeza las comisuras de las que os hablé antes.

Sabed también que nada son frases sueltas, las relaccionareis con vivencias que no tengo ni puta idea sobre que tratan, pero que supongo (más bien espero) que cierte relevancia las inunde. De nada sirve soñar si despierto puedes conseguirlo. El insomnio es para los valientes. Los cobardes se limitarán a pensar lo que entre la cama deshecha reze su subconsciente.

Me atrevería a decir que la famosa inutilidad, está disfrazada de cobardía vil y reducida al todo.

Seguid ladrando mientras os muerden si quereis acabar a cuatro patas delante de alguien que no debería, y no espereis ni un dólar por ello.
Insumisos, un mordisco en el cuello (de esos con lengua) paliará muchos de vuestros problemas. Joded y sed jodidos, pero cuando los ladridos sean aullidos, no se os ocurra levantaros de dónde estais.

Nadie sabe (y quien dice nadie igual quiere decir uno) cómo expresar lo que piensa. Nadie podrá involucrarse (ni lucrarse) tanto como eso que te ronda la puta cabeza, y que se niega a saltar al vacío. Porque eso, es lo mejor que se ha atrevido a rondar nunca.

Me rio por nada o no asimilo una risa certera. La risa no es nada si no suena cerca, si el eco no deja que resuene por  tus costillas. 

De tinta con pluma o sin ella va la cosa, con sus más que con sus menos, se mantiene y gana en sus trece (O 5 o 6 más)

martes, 23 de octubre de 2012

Custodia.

Amagos 

de poesía que no supieron teñir letras.

surgidos en la oscuridad del momento,

o porque se acabó calentando la copa.

Amagos

de fuerza que se escapaban entre un par de piernas,

que hubiesen provocado

un suspiro,

a tipos que no conocían nada más añadido a su desámino por naturaleza

Amagos

de reacciones que no fueron las esperadas,

pero que tampoco diferían

de lo que soléis llamar

"razón"

Amagos

de vida, que no cumplieron unas expectativas afianzadas,

ni un futuro.

Amagos que mandamos a tomar por culo,

eligiendo una buena carta,

una buena mano,

una partida, que no acaba.

miércoles, 25 de julio de 2012

Ralentí

Que difícil es escribir sin compañía de momentos adversos. Otras razones cubren el cupo de sensaciones y relatos, que pueden ser redactados sin más necesidad que un par de palabras, colocadas, dichas, dispuestas en el momento adecuado, en el lugar correcto. Precisión. Jodida y perfecta precisión.

Valientes se hacen llamar algunos, nombrados por la cobardía de sus propias apariencias.

Celdas abarcadas por cuatro paredes que se hacen llamar cuartos, luchan por pequeños percentiles, intentos baratos que probablemente caigan en el olvido, de lo que podría ser un mañana. O por qué no un hoy.

Vivir el momento ha sido una frase exprimida demasiado, y aunque el martes, haya pasado a miércoles, el 6 haya pasado al 7, y los 80 se hayan quedado ya atrás, nos daremos cuenta que el momento no es nada. No es absolutamente nada si no lo consideras gratamente como aquello que puede llegar a suponer algo que marque tu jodida vida insípida mirando a los azulejos del suelo con sus correspondientes rayas.

Escribes intercalando conversaciones, no tienes presiones, no tienes tampoco facilidad, pero vomitas formas amorfas que cuando lo lees a la mañana siguiente parece que tienen incluso algo de sentido.

Capacidades infames joder, noches no todo lo oscuras que debieran, pero que poco a poco se van sumiendo en la cera de las velas derretidas y consigues, por fin, ver delante de tus ojos vidriosos aquello que algún tarado llamó luna.

Otros hablarían de lucidez, lúcidas las llamaban en momentos no todo lo normales que podrían haber sido, y menos mal.

Por qué hablar de lucidez si puedes hablar de reflexiones, se oyo de fondo. Reflexiones sin más, paranoyas que dirán algunos, pero... que cojones, son nuestras paranoyas y qué bien quedan encima de un papel carajo.

Maullidos de fondo, o arañazos sin saber distinguirlos teñidos por recuerdos que consiguen cubrir el cupo que los mismos idiotas que se atrevieron a nombrar a la luna llamaron situaciones.

Parece que poco a poco esos excesos de testosterona van dando un enfoque a nuestras vidAs (con A), porque ¿qué somos si no somos lo que queremos ser?. Pues eso, yo quiero ser vida, pero con A mayúscula.
 
Y a la mierda el dadaísmo, esto en el fondo tiene sentido.
Stare vicino.

martes, 15 de mayo de 2012

¿Quién quieres ser?

- EH! Hijo de Puta! Dame mi bolso! - Gritó la señora con rulos en la cabeza mientras Él, se alejaba corriendo cual manifestante delante de los grises.
No fue difícil escaquearse, no fue la primera vez, ni sería la última, sabía perfectamente lo que hacía. No lo hacía por necesidad, tenía bastantes ahorros para pagarse su vida a plazos gracias a la herencia que le dejó su abuelo cuando palmó. Y qué herencia!.
Pero a él, le gustaba lo que hacía.

Perdonadme, no os lo he presentado. Él es un chaval de unos 18 años, y es reconocido por todos como un verdadero Hijo de Puta. Lo sabe, y no le molesta porque es la vida que ha elegido.  Como ya os he comentado antes, no lo hace por necesidad, lo hace porque se siente jodidamente bien hurtando.

La gente suele tener diversas aficiones o "hobbies" como lo llaman ahora. Sus compañeros de clase se pasan el día bebiendo alcohol repugnante con nombres que parecían sacados de la antigua Unión Soviética y calentándose las manos en los parques con un mechero (supongo que por el frío). Él no hacía nada de eso, no había probado una gota de nada que tuviese alcohol. Ni siquiera una buena cerveza, decía que eso a la larga te acababa volviendo imbécil, y que él necesitaba plenas facultades para poder seguir haciendo lo que le gustaba.

Le encantaba robar, pero sin ninguna mierda que pinchase, lo hacía suavemente, con cariño, pero claro, a veces salía mal y tocaba desgastar suela.
Robaba en la calle, en supermercados, en tiendas de ropa, incluso un día se llevó un "Luis Butrón" (como él los llamaba) de una tienda que supuraba insensatez y pijería de la calle Serrano.

Prefería sisar en superficies, y no a personas, pero si se daba la ocasión, ni lo dudaba.

Él no lo entendía, sus amigos poniéndose hasta el culo y desgastándose poco a poco entre vallas de colores, incluso comúnmente rompiendo aquello que las "autoridades" solían llamar mobiliario urbano y el Hijo de Puta era Él.

Le fue bien durante muchos años, tal vez no tantos, pero a Él le parecieron suficientes; hasta que un día robó a alguien que no debería haber robado. Decidió limpiar al hijo de un gerifalte de su barrio. Era concejal de nosequé, o asesor de nosequién, o nosequé porquería de algún ministerio. Da igual, el caso es que este señor era más corrupto que algunos policías del DF.

Cogido por un ladrón pensó. Qué ironía.

Resultó que el hijo del pez gordo no tenía más en la cartera que un billete de 20, y una bolsita transparente de algo con lo que sus amigos aliñaban el tabaco mientras se calentaban las manos en el parque.

20 euros - pensó- , eso no es nada.
 

Y efectivamente, no era nada, pero se llevo una buena paliza en comisaría por los amiguitos del gerifalte sudoroso.

Cuando le levantaron del suelo, y pudo abrir el ojo que no se encontraba debajo de la ceja que le acababan de partir de una patada, llegó a la conclusión de que era un Hijo de Puta. Pero era el mejor Hijo de Puta que había habido nunca.

lunes, 30 de abril de 2012

Y de repente, dijo Hola.

El no tener tiempo para escribir es algo que me revienta, pero ahora que parece que la soga se ha soltado un poco y nos deja respirar, allá vamos.

Esta noche me he estado planteando qué utilizamos cuando nos despedimos de alguien. Estamos en su casa, y decidimos que los cuadros empiezan a moverse demasiado, seguido de  un sueño que te corroe lenta, pero implacablemente y decides que ha llegado el momento de irte a tu guarida.

No entiendo, ni entenderé a la gente que dice adiós.
- ¿Adiós? ¿Pero tú sabes lo que mierda significa eso?

Puedes decir adiós a la mala vida, adiós a la cárcel, adiós a cualquier cosa que no consideres necesaria. Pero no digas adiós para despedirte.

Yo soy y seré un fiel partidario del "Hasta luego", o incluso de un sutil pero eficiente "Ciao Bella" por mi inocente y desconocido amor a Italia del cual no tengo ni idea de dónde ha aparecido. Quizá los verdaderos gangsters, quizá la simple pero bella Toscana, o por qué no, quizá las italianas (Pero de eso hablaremos otro día).

La importancia de las palabras damas y caballeros.

Un "Hasta Luego" es un pequeño compromiso, un pequeño contrato, de que dentro de poco vas a tener cerca (más o menos, a gusto de los consumidores) el jeto de nuestra "Annie Hall" o vuestro "Woody". Matices importantes, que como siempre, afianzan mi posición (que a muchos les parecerá insulsa) de la importancia de los detalles.

Tened cuidado con el Adiós, porque puede ser una bala de punta hueca.

Yo personalmente no he tenido los cojones de decir nunca un "Adiós". Me parece de ser o alguien con toda la razón del mundo, o un verdadero imbécil, y todavía no he llegado a ese grado de imbecilidad.

¿Y vosotros, tenéis toda la razón del mundo?
De acuerdo, nos vemos en un rato.

martes, 3 de abril de 2012

Sinceramente.

Ella, era una tipa sincera. No destacaba por su inteligencia, pero le gustaba andar con la verdad por delante. Quedaban pocas como ella, y menos viviendo en esa pensión de 8 euros la noche, que  tenía grietas en las que se podía perfectamente meter un puño.

Gracias a su gran amistad (entablada a base de anécdotas de las que nunca querrían volver a hablar), la "Jefa", como ella llamaba a la dueña del tugurio, le había ofrecido una de las mejores habitaciones. Entendamos mejores, como la mejor mierda de dentro del cubo de la basura.

Trabajaba de lo que podía, aquí y allá, más allá que aquí, y más o menos vivía (o eso decía), vendiendo sus obras por la calle. Unas obras excelentes, que cualquier literato de estos con barba, habría calificado como un exquisito rollo de papel higiénico.

La alta alcurnia de la sociedad podría clasificar las obras como plena ficción, pero ella sabía que no. No se trataba de ficción, se trataba de cómo se intenta llenar una vida vacía. Hablaban de cómo había entablado relación con mejores y peores, con jerifaltes y jerifaltas, con camellos y putas, con maderos y matones, pero sobre todo, con mentirosos.

Las mentiras inundaban las calles, y eran respondidas con una sonrisa de oreja a oreja, en la que se veían a veces mas dientes, a veces menos...

Mentiras que inundaban los sentimientos, los pensamientos, que nos inundaban a todos. Corrían por cualquier lado, y aquí no se libraban ni siquiera la flor y nata de la sociedad.

Ella se consideraba humilde, y sincera.  Probablemente por ello se viese aplacada por estas condiciones de vida, que podría calificarlas de inhumanas cualquier especialista del ámbito de la sanidad. Pero eran sus condiciones.

La verdad le había hecho crecer como persona, conocer todo lo que se puede conocer, pero por decir las cosas tal y como son, únicamente había recibido insultos y alguna que otra bofetada.
"No les gusta saber quiénes son" decía ella. Y tenía toda la razón. Preferían vivir en su pulcra e impoluta sociedad de hipócritas, a que cayesen una detrás de otra cual motas de polvo verdades, de esas que duelen más que cualquier bofetada de las que podría haber recibido.

Ella viajaba mucho, pero nunca demasiado, solo lo suficiente. Necesitaba saborear verdades nuevas. Dominaba perfectamente el Italiano, le encantaba, a diferencia de los italianos, a quienes aborrecía incluso más que la comida de la pensión donde ahora había depositado su culo.

Una pena que se fuese. Una pena que no volviese a saber más de ella.

Ahora simplemente nos quedan las conversaciones con la "Jefa" a las tantas de la mañana con ese mejunje que ella juraba y perjuraba que era whiskey bueno.
 
Por supuesto, mentía.